Volví

sábado, octubre 08, 2005

Día del juicio


Mientras escribía esto en unos papeles, estaba acostada en la cama, descansando del incómodo episodio por el que tuve que pasar. Porsupuesto que antes de que ocurriera, traté de recopilar toda la información de familiares, amigos y conocidos que habían pasado por este mismo hecho. Y todos me dijeron lo mismo. Que no me preocupara, que todo iba a salir bien, que no era nada del otro mundo. Pero yo no me tranquilizé.
Asi que finalmente llegó el día y mi papá me llevó donde el tío Sammy, que es dentista y se especializa en cirugía.
Hace meses que tenía que sacarme las muelas del jucio (para ser exactos, las dos de abajo), ni siquiera me dolían y no estaban asomadas ni un poco, pero debía hacerlo para que no se estropeara el tratamiento que me había hecho con frenillos.
Reconozco que iba predispuesta con mucho temor, no estaba para nada relajada y mi miedo creció cuando vi salir del edificio a un niño con la cara extremdamente hinchada y que apenas podía caminar del dolor. Mi papá me aseguró que a mi no me iba a pasar eso. Pero yo pensaba lo contrario.
Finalmente entré a la sala y me recosté desconfiada en la silla e inmediatamente, sin ninguna piedad, comenzaron a inyectarme la anestesia. Debo aceptar que no me dolió, pero no pude evitar dejar salir algunos sollozos y un par de lágrimas que se mezclaban con mi sudor helado. Luego me dejaron sola. Y por un momento pensé que no volverían nunca y podría safarme de este lugar. Pero no. Volvieron mas o menos a la media hora y me dieron la segunda dosis. Nuevamente brotaron lágrimas de mis ojos (lo siento, soy muy sensible) pero esta vez me observaba un estudiante gringo que era alumno de mi tío. No tenía pronosticado que iba a ser un paciente de muestra, por lo que la situación me incomodó un poco. Mantuve la boca abierta más tiempo del que era necesario porque terminaron muy rápido. Me abandonaron de nuevo mientras me hacía efecto la anestesia. En ese intermedio entró mi papá y se me pusieron los ojos rojos. (insisto, soy muy sensible) Entonces mi papá prefirió no haber entrado. Y yo también, porque odio que haga eso; el sabe que soy sentimental. Pero mi papá no se fue y trató de hacerme reír diciéndome que había visto algo muy gracioso hoy (no voy a decir que era, por respeto a sus estómagos). Lamentablemente tenía mis labios dormidos y no me pude reír como hubiese querido. Después me derivaron a la sala contigua y adivinen qué: había otro gringo esperando para ver mi intervención. Mi tío le hablaba en inglés y no es por quebrarme, pero yo entendía todo lo que decían y eso hizo que mi mente no se pudiera concentrar en otra cosa más que en mis estúpidas muelas. Me colocaron una manta estéril con un agujero en el medio para dejar libre la zona de la operación. El dentista me pidió que abriera la boca y me puso una especie de sostenedor para que no se me cansara demasiado la mandíbula.
Se acercaba la hora de la verdad.
Tomó una herramienta tipo bisturí e inició la cruel destrucción de mi pobre encía.
-Look the incision that i am doing-le dijo al gringo.
Yo mantenía los ojos cerrados y gemía un poco, mientras trataba de evitar que de nuevo reventaran mis lágrimas. La verdad es que, no me dolía nada, sólo sentía una gran presión, pero el sólo hecho de que introducieran un elemento extraño en mi boca, que atravesara mis encías y mis vasos sanguíneos, me ponía los pelos de punta. Siempre me pasa, ni si quiera puedo ver un operación por la televisión, porque siento lo mismo, aunque he pasado por cosas peores. No es la primera vez que me operan, ok, pero todo me da nervios.
-María Elena, ya te sacaron una muela-dijo la asistente.
Gracias a Dios, pensé para mis adentros. Abrí un ojo para asegurarme de que todo iba bien, pero sólo vi manos con guantes de látex sobre mi cara. Cerré los ojos y comezaron a extirparme la segunda muela. El dentista trataba de traducir una palabra algo extraña, pero un asistente que recién había entrado a la sala dijo:
-No se preocupe doctor, si éste ya entiende todo, huevón, cachay, piscola, todo.
Hubo risa general. Menos la mía, claro.
Me suturaron la concavidad de la extracción y luego lo hicieron con la primera, que todavía estaba abierta. Pero con esta última sentí un poco de dolor.
-Dame más anestesia- dijo el dentista.
Uf. Eso sonaba peligroso.
Felizmente, terminó el dolor y acabaron mi operación exitosamente. Después de mucho rato, por fin me sentía tranquila y aliviada. El gringo me guiñó un ojo y me preguntó cuantos años tenía. Intenté balbucear un ligero "seventeen" y aunque mi boca no ayudó mucho, para mi sorpesa el rucio me entendío.
-Oh, seventeen-me dijo con su sonrisa perfecta-. Don't worry, t's finished, it's over.
Asentí con la cabeza.
-Ah, osea que entendiai todo lo que decíamos-dijo el tío.
Asentí de nuevo (no podía hacer otra cosa) y luego analizaron mis piezas dentales y me las entregaron en una bolsa. Me limpiaron bien la cara (no quiero ni pensar la cantidad de sangre que salpicó) y me quedé acostada un momento. Después me levanté con la ayuda de la asistente y me despedí del tío y del gringo. Caminé hasta la sala de espera y me senté mientras mi papá cancelaba (no crean que hubo descuento). Todos me miraban extrañados por mi cara enrojecida y mis ojos vidriosos, pero lo esperaba, porque comprobé que sacarse un par de muelas no duele nada y de verdad estaba exagerando. Pero no lo podía evitar, aún temblaba un poco.
-¿Estuvo muy mal?-me dijo un hombre que estaba al lado mío.
-No-le dije.
Traté de explicarle que lo que me tenía así era el nerviosismo y no el dolor, pero no me entendió y me dijo que si me costaba hablar mejor no lo hiciera. Luego me despedí y abandoné el edificio. Me sentía rara. Obviamente no hablé nada en el camino, pero pensé mucho. Y concluí que a pesar de todo agradezco a los médicos y a la tecnología porque hacen que nuestras vidas sean menos dolorosas.
Llegué a mi casa y mi mamá me esperaba cariñosamente con su cama abierta para que reposara a mi gusto y con mucho helado. Un par de horas después pude hablar y sentí un poco de dolor. Pero ya todo había terminado. No más olor a yodo, no más sonidos de máquinas, no más miradas extrañas. Ahora sólo sentía el sabor metálico de la sangre y los desinfectantes que todavía quedaban en los puntos. Pero no era tan malo.

2 Comentarios:

A la/s sábado, 08 octubre, 2005, Anonymous Anónimo dijo...

Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

 
A la/s sábado, 19 noviembre, 2005, Anonymous Anónimo dijo...

Hoooola!
q miedo q te saqn las muelas del juicio jajaja
oieee escribe algo ma po
ya paso ma de un mes
ya chaoo

q ti the luxe


www.fotolog.net/_jv_2000

 

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