Adiós para un amigo

Amigo
Qué difícil es dejarte partir, sin poder hacer nada para retenerte más tiempo. Me siento muy extraña en esta casa sin ti, se siente muy vacía. Cómo no va a ser así, si nos acompañaste durante 10 años y nos alegraste la vida desde que llegaste, un 31 de diciembre, en vísperas de año nuevo, con tu orejita caída y tu patita coja. Llegaste como un milagro, como si supieras que te necesitábamos, pues hace un tiempo nos habían entrado a robar a la casa.
Estabas tiradito en nuestra vereda, a la sombra del árbol, cuando notamos tu presencia y te dimos leche y un poco de comida, pues se veía que estabas cansado y hambriento. No nos resistimos a tu ternura y te entramos a la casa. Al principio tus ojitos nos miraban con desconfianza, pero poco a poco abriste tu corazón y te entregaste con humildad a nosotros.
Sólo te íbamos a dar cobijo por algún tiempo, porque pensábamos que pertenecías a otra persona, ya que tenías una placa en tu patita y ello indicaba que alguien cuidaba de ti. Pusimos carteles para ver si tu dueño aparecía, pero en el fondo (sobre todo yo), no queríamos que apareciera tu amo, deseábamos que te quedaras aquí. Y así fue, nunca nadie te reclamó y te convertiste en un miembro más de la familia.
Un vecino te vio y te bautizó como Martín, pues estabas tan herido y cojito que parecías Martín Vargas. Yo estaba feliz contigo, y aunque no eras muy juguetón por ti solo, siempre estabas dispuesto a saltar y correr con nosotros, incluso te enseñamos varias cosas, como a sentarte y a dar la pata.
Te encantaba ir a buscar la pelota, pero nunca la devolvías y pobre del que intentara quitártela. También jugabas con tus mantitas y las sacudías mientras gruñías como loco, pero tampoco te la podíamos sacar, ya que reaccionabas medio enojado. Me acuerdo de mis pelotas inflafles, tú jugabas con ellas, pero siempre las reventabas y yo me quedaba sin pelota. También jugábamos al caballito y me sentaba sobre tu lomo para que me llevaras, pero yo era muy grande y no podías, y te echabas al suelo rendido.
Parece que anduviste harto tiempo callejeando, porque te encantaba salir, sobre todo con mi papá y corrías en cualquier parte que te lleváramos. No importaba como; a pie, en bicicleta o en auto, siempre te animabas a pasear con nosotros. Pero también salías solo; todos los días mi mamá te abría la reja y dabas tu paseo matinal, aunque a veces llegabas todo rasguñado y mordido por alguna pelea de perros.
Con el tiempo empezaste a tener más confianza y pasabas gran parte del día dentro de la casa, hasta saltabas a nuestras camas y te quedabas acurrucado. Cuando hacía mucho frío o llovía, mi mamá ponía diarios en por toda la casa y te quedabas echadito frente a la estufa, que te encantaba, aunque tu cabeza ardiera, incluso un día pasaste y te quemaste la colita sin querer. A mí me gustaba taparte con chales hasta el cuello, pero a ti no te gustaba y te los sacabas. Siempre que estabas adentro de la casa, revisabas todas las piezas y se escuchaba el sonido de tus patitas y tu collar cuando caminabas.
El Tomás te hizo varias medallitas con nombre y teléfono para que no te perdieras y yo te compré un huesito de metal grabado en la playa. Gracias a todas esas identificaciones te pudimos encontrar varias veces que te fuiste lejos y te fuimos a buscar a distintas partes, por el aviso de las personas que te veían. Te encantaba callejear, por eso todos te conocían en el barrio.
Un día te sacamos a pasear en auto con el Tomás y pasamos un gran susto, porque te atropellaron y saliste volando como un pájaro, yo casi me muero. Pero por suerte no te pasó nada, solo un pequeño rasguño. Creemos que tuviste más de algún accidente cuando salías solito por las calles, ya que muchas veces llegaste agitado, mojado o herido. Pero tuviste buena suerte, y llegabas a salvo.
Algo que te cargaba era el agua, y sobre todo bañarte, ya que apenas mi mamá abría la manguera, salías corriendo asustado y te metías a tu casita.
Tampoco te gustaban las motos ni los carritos, ni los ciclistas, ni los caminantes desconocidos, pues les ladrabas sin compasión y tu imagen se imponía frente a todos los que pasaban por la cuadra.
Pero tus enemigos oficiales eran Pillín y sobre todo el Tamy, que se fue un poco antes que tú. No los podías ver y muchas veces tuvimos que intervenir en tus peleas. Sin embargo, nunca fuiste agresivo con los cachorros y con los niños; al contrario, te encantaba jugar con ellos y siempre te mostraste cariñoso con nuestros amigos y familiares. Ni siquiera te molestaba si se tiraban encima de ti, si te quitaban la comida o si te tiraban las orejas. Por eso a todos les encantaba estar contigo y te querían mucho.
Hasta tuviste un gran amor, Mary Jane, nuestra vecina, que hoy también descansa en paz contigo. Te molestaban con ella y te decían Martincito-Mary-Jane, ya que siempre le coqueteabas por la reja, aunque ella también se dejaba conquistar. No sabemos si tuviste hijos, pero tuviste varias otras pololas por ahí.
Pasaste por varias casitas, primero un canasto de madera, que de tanto usarlo se rompió, luego una casita heredada con techo verde, en la que apenas cabías, y por último el iglú gris que era más grande, aunque igual te costaba meterte.
Nunca se perdió nada en la casa, ya que siempre te comías lo que dejábamos y cuando mi papá lo calentaba en el microondas, te volvías loco porque sabías que ahí venía tu comida. Entrabas a la cocina saltando y dándote vueltas, sin poder esperar más. Luego te tragabas rápidamente toda la comida. En la casa de mi abuelita también te guardaban los huesitos y tú te los devorabas.
Te encantaba tirarte en el pasto y ponerte de espaldas un buen rato, parecías una estatua de lo muy quieto que estabas. Cuando estábamos enfermos el Tomás o yo, hacías un hoyito en el patio junto a nuestras ventanas y te echabas ahí todo el rato, como para acompañarnos.
Como ves, no sólo eras un buen guardián, sino también un fiel compañero, sobre todo para mi mamá, que siempre estaba contigo en la casa. Ella ahora siente mucho tu ausencia y te echa mucho de menos, pues compartía todo el día contigo. Ya no va a ser lo mismo la casa sin ti.
Nos diste mucho cariño y alegría, incluso en los días más tristes. Siempre estabas ahí, incondicionalmente, esperándonos al pie de la reja. Nos esperabas a la vuelta del colegio echadito en la calle con mi mamá algunas veces. Cuando salíamos de vacaciones a te daba pena y llorabas mucho, porque nos extrañabas demasiado. Al la vuelta te volvías loco y aullabas de felicidad. Cuando te veía yo me alegraba mucho y siempre me sacabas una sonrisa de alguna forma. Nunca me sentí sola, porque sabía que tu me acompañabas todo el tiempo, y siempre estabas dispuesto a consolarme si tenía pena.
Nunca pediste nada a cambio por el cariño que nos dabas. Debe ser por lo agradecido que eras, ya que te encontramos en la calle y te adoptamos como un hijo. Siempre fuiste humilde y obediente, educado, nunca te portaste mal, a lo más hacías hoyos para esconder algún huesito. Nunca te enojaste por nada, ni te comportaste agresivo con alguno de nosotros. Siempre fuiste sumiso y tranquilo, hasta los últimos días de tu vida, en los que te dejaste cuidar por todos nosotros y no emitiste ningún sonido de molestia, ni un aullido ni nada. Nunca te quejaste, ni siquiera cuando te costaba respirar, siempre tu carita estaba feliz. Ni las inyecciones lograban sacarte de tus casillas.
A pesar de que luchaste siempre, te fuiste apagando de a poco, tu expresión se volvió más serena, pero nunca cambiaste tu forma de ser, alegre. Así te fuiste, tranquilo y en paz. Esperaste al Tomás harto tiempo antes de irte, pero tu corazoncito no aguantó más, y te despediste justo cuando volvimos a la casa, una tarde calurosa. Nos esperaste para que no te fueras solo. Cuando dejaste de respirar sentí una pena enorme, me dio rabia e impotencia el saber que te perdía para siempre. Yo quería hacer algo para impedirlo, pero luego comprendí que tenía que dejarte ir, porque estabas sufriendo, y tenías que descansar.
Aun así me duele mucho que te hayas ido, porque eras mi mejor amigo de todo el mundo, el que escuchaba todas mis cosas y mis historias. Me aceptabas tal cual soy, sin juzgarme. Y me recibías con los brazos abiertos cuando estaba triste o enojada.
Me entregabas ese amor que solo un ser como tú puede dar, porque no sabes de rencor, egoísmo u odio. Sólo sabes de amor, cariño y amistad incondicional. Tenías esa mirada pura e inocente, que me tranquilizaba y me daba una paz infinita. Hoy voy a extrañar esa mirada que veía a través de mi ventana, que volvía mis días más alegres y llevaderos.
Ahora desde esa misma ventana veo el lugar donde enterramos tu cuerpecito, y donde descansarás y nos cuidarás por siempre a nosotros y a todos los que te conocieron y te quisieron.
Ayer te extrañé mucho, por tus ladridos con los fuegos artificiales, ya que siempre te alterabas con ellos y te ponías nervioso, y además se habían cumplido 10 años desde tu llegada. Siempre recordaré ese día con especial alegría, pues desde ese momento, nuestras vidas conocieron a un ser maravilloso, que nos dio mucho más de lo que nosotros podíamos entregar.
Ahora lo único que puedo decirte es Gracias, por todo lo que nos diste, por toda la felicidad que vivimos junto a ti y por ser el mejor amigo que pudimos conocer.
Espero que ahora te encuentres mucho mejor, y que estés descansando luego de haber dado todo lo que tenías.
Nunca te olvidaré, Martín. Estaremos eternamente agradecidos

4 Comentarios:
me hiciste llorar :(
me acuerdo de cuando iba al bravisimo y dejaba el cono y se lo llevaba al martin, sobre todo me acuerdo de una vez que pedi helado de menta y cuando llegue a darselo no pense que se lo iba a comer pero igual se lo comio todo; o cuando estabamos en algarrobo y grabamos en los huesos de metal tu a martin y yo al baron; cuando te ibamos a dejar despues del colegio y estaba afuera esperandote con tu mama y siempre intentaba que se asomara por la ventana del auto, tomaba como un impulso y ponia sus patitas y le hacia cariño...la tia pilar siempre me retaba porque podia rallar el auto pero eso me daba igual a mi. que linda la foto que pusiste como que veo sus ojos y me acuerdo del sabado ahi haciendole cariño y cerrandoselos con cuidado...te quiero mucho martin, nos vemos alla arriba
chao
Hola Mari, pues me has hecho llorar, es precioso lo que has escrito de Martincito, no creo que haya nadie que no haya conocido a tu pequeño y se haya enamorado de él a primera vista.
Él ahora es un angelito que los cuida y proteje desde el cielo y que siempre será recordado en el corazón de todos ustedes y de quienes lo conocimos.
Solo quiero decirte que seas fuerte y que tengas mucho ánimo, igual para tus papis y hermano, pues se que no es fácil perder a un amigo tan fiel como lo fue Martín.
El 31 de diciembre recién pasado también se hubieran cumplido 10 añitos desde que la Lunita llegó a nuestra casa y también fue triste recordarla y saber que ya no estaba con nosotros, al menos aquí en la tierra.
Creo que lo mejor que podemos hacer por ellos ahora es recordarlos con todo el cariño que siempre les hemos tenido y que siempre tendremos.
Muchos besitos y bendiciones para todos.
Martincito nunca te olvidaremos, se que ahora estás disfrutando en el cielo de los perritos junto con mi Luna y mi Copito, disfruten por nosotros y ya nos enocntraremos allá algún día. Los amamos.
Prima, he hablado harto con tu hermano Tomás y me enteré que murio Martin. Siempre lo veía en la foto de su messenger y me acompañaba. Lamento no haberlo conocido y te acompaño en tu pena.
Un abrazo
Alejandro Alamo
Merien! puxa y pensar q cuando lo vi me dio miedo como saltaba... era un perro la raja siempre q lo veia me acordaba de la Kelly mi perrita pastor aleman... q se fue un dia y nunca mas volvio =( marien te kero montones y animo q alla arriba va a estar mejor te kero montones!!
Publicar un comentario
Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]
<< Página Principal